lunes, 19 de junio de 2017

Invernaderos del Real Jardín Botánico de Madrid



A finales del verano pasado visitamos el Real Jardín Botánico de Madrid
del que compartí con vosotros la zona de frutales y huerto.


Hoy os quiero mostrar los invernaderos que resultan verdaderamente interesantes.

En el exterior de ellos se muestran ya cactus y plantas crasas, como esos
"asientos o cojines de suegra" también conocidos como "Bola de Oro", "Barril
de oro" o "Cacto erizo" (Equinocactus Grusoni es su nombre científico), que
veis en la fotografía anterior. Siempre me ha hecho mucha gracia el nombre
coloquial que se le da a estos grandes cactus de forma esférica.
¿Por qué será? ;-)


Otras especies propias de climas desérticos están allí representadas: yucca,
chumbera, agave...




Pero donde hay una cantidad importante de plantas propias de zonas más
meridionales es en los invernaderos.

Me encantan estas estructuras con grandes ventanales en paredes y techos,
no sólo como invernadero, me imagino una parte como estudio, taller de
fotografía... Con ese aire industrial y bohemio tan deseado.




El invernadero del Real Jardín Botánico de Madrid recibe el nombre de Santiago
Castroviejo Bolibar, botánico español, profesor del CSIC, miembro de la Real
Academia de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales, quien dirigió el Botánico
madrileño por muchos años y estuvo entregado a la investigación científica
hasta su muerte.

El invernadero del Jardín Botánico de Madrid cuenta con tres secciones

contiguas: desértica, subtropical y tropical, que reproducen las condiciones

de temperatura, humedad y luz para el desarrollo de cada tipo de plantas

mediante un sistema de control informático. Las energías empleadas para

su mantenimiento son totalmente limpias.


Además, el Real Jardín botánico de Madrid cuenta con La estufa de Graells o

de Las Palmas, un antiguo invernadero no climatizado construido en el siglo XIX,

durante la dirección de Mariano Graells, para contener plantas no resistentes a

las condiciones climáticas exteriores de Madrid. Reune plantas tropicales,

acuáticas, helechos, musgo...que necesitan un alto grado de humedad

constante y el calor del sol. Esta instalación está estudiada para controlar las

condiciones de manera pasiva: nivel inferior al suelo, orientación sur, pared

norte alta y cubierta acristalada.


Es un edificio con una fuerte personalidad a lo que se une el ambiente saturado
de humedad y la exótica y exuberante vegetación que nos traslada a lugares
lejanos y épocas prehistóricas.

Nosotros no pudimos visitar La estufa de Graells porque estaba temporalmente
cerrada. Excusa genial para acercarnos y disfrutar otro día en el Botánico.


La visita a los tres invernaderos modernos comienza con la sección dedicada
a flora desértica en la que podemos admirar muchísimas especies de cactus,
crasas y suculentas.




El siguiente espacio nos muestra flora subtropical: palmeras, helechos, bambú...




La última sección es la dedicada a fauna tropical y requiere el uso constante
de riego nebulizado para mantener el nivel de humedad que necesitan estas
plantas.



Aquí podemos encontrar una gran profusión de enredaderas y de plantas
colgantes, estas últimas sin tiesto, a la manera de las kokedamas pero
surgidas de modo natural.


Cada sección de los invernaderos del Botánico tiene su encanto aunque a mí
me gusta especialmente esta última porque, a pesar del sofocante calor
húmedo, hace que nos sintamos en una jungla y cada especie resulta
sorprendente y exótica.



10 comentarios:

  1. ¡Qué belleza de imágenes, Piola!
    ¡Me han traído un aporte de frescor en este caluroso día!;)
    Besitos

    ResponderEliminar
  2. Me ha encantado este recorrido por un lugar del Jardín Botánico que ni siquiera sabía que existía! Si es que yo soy de Madrid porque nací aquí nada más...
    Ahora casi casi puedo considerar que lo conozco, porque tus imágenes realmente tienen el poder de transportar!
    Un beso grande, Piola.

    ResponderEliminar
  3. Aunque en Sevilla no tenemos invernadero, algún que otro hemos visitado, y también nos quedamos con la parte más tropical; la que te hace sentirte como Jane en la mismísima selva... ¡Geniales fotografías, Piola!

    Muchos besos de las dos

    J&Y

    ResponderEliminar
  4. Recuerdo que pasamos por la puerta del Botánico pero Edu estaba mucho más interesado en las tapas que en las crasas!! jajajaja Gracias por mostrármelo, ahora siento como que yo también lo visité

    ResponderEliminar
  5. Hace tan sólo dos años hicimos una visita muy exhaustiva del Jardín Botánico de Madrid. A los niños les encantó y los mayores disfrutamos con ellos. Está muy bien cuidado y tiene una gran variedad de plantas. Tu reportaje invita a visitarlo y a quedarse al fresco de la sombra de algún árbol centenario. Preciosas imágenes. Como no podía ser de otra manera. Besos.

    ResponderEliminar
  6. Un rato de frescor para el cuerpo y para la mente.. Imagino que luego se harìa dificl salir de allì.. Un besazo Piola :)

    ResponderEliminar
  7. Un reportaje precioso Piola, me encanta ver la chumbera con su fruto, y los helechos, así como las plantas que no necesitan tiesto, las volátiles, cuando las conocí me impresionaron un montón.
    Un abrazo muy grande!!!

    ResponderEliminar
  8. Con sólo ver tus fotos Piola se refresca el ambiente.

    Sin duda ahora es un momento idóneo para visitarlo...es increíble la cantidad y variedad de especies.

    BESOS... Gracias por mostrarlo... tengo una cita pendiente para la próxima visita a Madrid.

    ResponderEliminar
  9. Un lugar precioso! Y las fotos son muy buenas Piola. Me ha gustado mucho. Un saludo!

    ResponderEliminar
  10. Una razón más para ir a Madrid,ya me dice mi hijo que es precioso ,tal vez este Agosto se cumpla. Siempre regalándome preciosos lugares Piola. Superabrazo E

    ResponderEliminar

Cuéntanos...