martes, 4 de junio de 2019

Viaje a Oporto




La ciudad de Oporto siempre ha estado entre mis pendientes de visitar y finalmente pude hacerlo hace unas semanas.

Fui acompañada por mi amiga Belén y no he podido tener mejor compañera de viaje, siempre dispuesta y con una sonrisa, además de aguantar estoicamente mis continuos "un momentito, que tomo una fotografía", lo cual fue bastante frecuente porque esta ciudad portuguesa es bellísima, con un encanto decadente que te hace parar continuamente para disfrutar de bellas estampas que invitan a ser inmortalizadas en fotografías.

Sí, volví con cientos de fotos y me ha costado mucho seleccionarlas para hacer el post de hoy porque todas me parecían preciosas. De hecho esta entrada vuelve a ser como las de mis principios en el blog, con muchísimas fotografías, demasiadas lo sé, pero deberéis disculparme ¡Oporto lo merece! Seguro que lo entendéis quienes habéis estado allí o lo entenderéis cuando la visitéis.

Además no será el único post que dedique a este viaje, haré otro haciendo un recorrido por los más significativos cafés de la ciudad y algunas concept store dignas de visitar, así como de las dos excursiones que hicimos fuera de Oporto. Fueron cinco días muy bien aprovechados ^-^




Alquilamos un apartamentito divino y recién reformado, situado justo en la ribera del Duero.




Como veis tenía una original separación entre el dormitorio y la cocina que nos hacía sentir como en una verdadera jungla urbana.

Pero lo que realmente nos hizo decidirnos por este apartamento fue su localización y sus vistas. La segunda fotografía del
post está tomada desde nuestra ventana ¿No os parecen unas vistas increíbles?






Oporto es una ciudad para patear, está llena de escaleras y cuestas pero es la mejor manera de conocerla y llegar a
rincones escondidos.

La zona de la ribera es más llana y allí se pueden alquilar bicicletas pero impensable utilizarlas en el centro.




Otra opción es coger un tuk tuk, los hay incluso que hacen tours turísticos por la ciudad.

Mirad el de la siguiente fotografía, tiene un toque inglés muy propio de esta ciudad portuguesa en la que siempre ha habido una gran influencia anglosajona a raíz de las bodegas de su famoso vino.




Y, por supuesto, también podemos tomar sus lindos tranvías antiguos.





O atrevernos a llevar nuestro coche ;-)





Pero en mi opinión lo mejor es dar largos paseos disfrutando de las maravillosas calles empedradas, las lindas fachadas y
ese aire nostálgico que caracteriza esta ciudad.

Nosotras así lo hicimos y tan sólo cogimos el tranvía, más por el gusto de montar en él que por necesidad, para ir hasta la desembocadura del Duero y ver la zona de los faros.

Existe un teleférico para cruzar a la otra orilla del Duero, la llamada zona de Gaia y las bodegas. Nosotras no lo cogimos porque Belén tiene pánico a las alturas y yo tampoco soy muy fan de ellos.




Además de sus magníficos edificios clásicos con azulejos, sus maravillosas fachadas, sus puentes, su río y sus famosos vinos, Oporto empezó a ser conocido hace unos años por su streetart. De hecho hay rutas para ir viendo los graffitis más representativos. 

Nosotras no los buscamos pero inevitablemente te encuentras con algunos de ellos como la obra de Bordalo II titulada Medio conejo. Esta obra de arte callejero fue realizada con basura recogida por la ciudad. La mitad de la figura está sin pintar, dejando al descubierto los colores de la fachada original. Realmente resulta impactante.




El centro neurálgico de Oporto para el turista es sin duda la zona de la ribera aledaña al Puente de Luis I. Sus preciosas fachadas coloridas y sus terracitas al lado del río son una de las imágenes más conocidas y fotografiadas de la ciudad portuguesa.






A partir de esta zona podemos movernos hacia la parte alta de la ciudad y deleitarnos con fachadas de cuento, pintadas en mil colores y con esas ventanas de cuarterones, muchas de ella de apertura deslizante hacia arriba, donde nuevamente se deja sentir la influencia anglosajona.









Me sorprendió gratamente ver lo verde que está todo y cómo no sólo el musgo, sino incluso helechos, crecen entre las piedras de suelos y fachadas.





Algunos servicios públicos como los de antaño se mantienen activos.







Por supuesto son imperdibles sus maravillosos edificios decorados con los típicos azulejos. 

En la Caja General de Depósitos se encuentran, clasificadas y expuestas, las primeras muestras de azulejos. Y son igualmente conocidos los de las iglesias de San Ildefonso, Capilla de las Almas, Iglesia del Carmen, la de San Antonio y la Estación de tren de San Bento.





De los edificios religiosos sólo visitamos el interior de la Iglesia de los Clérigos. Es preciosa y cuenta con museo y varias exposiciones, además de su torre que, con más de doscientos escalones, ofrece una espectacular vista panorámica de la ciudad.





Igualmente bonitas son las vistas desde sus distintas ventanas.





Oporto cuenta con 6 puentes para acceder a la otra orilla del Duero, la izquierda, donde se encuentra Vila Nova de Gaia
que pudiera parecer parte de la ciudad pero que en realidad es otra población. Es en ella donde se encuentran
las famosísimas bodegas de vino de Oporto.

Atravesando el puente de Luis I llegamos a esta otra ciudad donde bodegas, mercados y restaurantes son la principal atracción, además del Monasterio da Serra do Pilar que cuenta con un mirador desde donde disfrutar de la mejor vista del paseo fluvial de Oporto.









Las barcazas antiguas con toneles atracadas en esta orilla del río llaman la atención publicitando alguna de las bodegas,
así como grandes carteles sobre los edificios.





Los edificios de esta zona son más industriales, tipo naves, pero no por eso menos bonitos.









También os aconsejo acercaros a la zona de la desembocadura del Duero y disfrutar de la vista del Océano Atlántico.
Es un paseo algo más largo que se puede hacer andando, en bicicleta o en tranvía como hicimos nosotras.




No elegimos el mejor día para hacerlo porque lo ideal es ir cuando el mar está algo embravecido: el rompiente de las olas
en los malecones de ambos faros regala imágenes espectaculares. El día que nosotros fuimos había una calma chicha
total y ni una sola ola. Pero, bueno, lo tomé como un presagio para volver a visitar esta preciosa ciudad.





Los atardeceres en la ciudad son preciosos y dicen que el más bonito es el que se disfruta desde Horto das Virtudes, nosotras lo constatamos como podéis ver en la fotografía que sigue.





Oporto es igualmente bella de noche y tiene una buena oferta gastronómica para disfrutar de una exquisita cena, café o
copa. Pero de los sitios para tomar algo ya os hablaré en el siguiente post que éste creo es ya suficientemente largo.




Lo que sí es seguro es que nos trajimos un gratísimo recuerdo de esta ciudad que siempre deja con ganas de más y que espero volver a visitar.