domingo, 17 de febrero de 2019

Un lugar donde volver





Todos tenemos un lugar que identificamos con la palabra hogar, un lugar en
el que echamos raíces independientemente de que hayamos creado otro por
nosotros mismos. El lugar en el que crecimos y nos hicimos personas, ese
lugar al que siempre volver y que quizás no haya estado en el mismo sitio
pero nos hace conectar con nuestra esencia.

La casa de mis padres es para mí ese lugar, ha tenido varias ubicaciones pero
esté donde esté siempre contiene aquello que hace surgir en mí la sensación
de pertenencia. Muebles, objetos, aromas... recuerdos de muchas vivencias
con los míos, no todos buenos, no todos perfectos pero que conforman la base
de la historia de mi vida.

Somos cuatro hermanos más mis padres a los que se han ido añadiendo las
parejas, los hijos... Falta mi padre que ha dejado un gran vacío, no sólo por
ser el cabeza de familia sino porque era un ser tan vital que lo llenaba todo,
lo impregnaba todo. Pero sigue entre nosotros, en sus cuadros, sus
esculturas, sus libros... en espíritu.

Desde que él falta intentamos ir más a menudo para que mi madre se sienta
acompañada y yo aprovecho cualquier ocasión para acercarme.




Mis padres tienen una zona de estar en el semisótano, un espacio en el que
hacemos gran parte de la vida. Tiene luz cenital, una chimenea y está al lado
de la biblioteca/estudio de mi padre. Es realmente acogedor, sobre todo en
invierno y creo que hasta ahora nunca os lo había enseñado.

Aquí es donde solemos reunirnos a charlar, leer, ver la televisión... Es el
corazón de la casa.


Mi hermana y yo tenemos nuestros "cuartos de soltera" a los que hemos
añadido otra cama más para poder ir acogiendo a la familia conforme ha
ido aumentado. 

El cuarto rosa es el que suele ocupar mi hermana y os lo he mostrado ya en
alguna ocasión (aquí por si os lo perdisteis)




Pero el que no os había mostrado es el cuarto azul en el que solemos
quedarnos Javier y yo. También tiene cabeceros de mimbre que en este
caso sí nos atrevimos a pintar en un azul intenso. 

Unas estanterías en crudo con vivo azul acogen sombreros y una vieja mesita
recuperada y pintada por mi hermana se ajusta al pequeño hueco que queda
entre ambas camas.

En el centro de la pared tres láminas enmarcadas. Sí, son exactamente
iguales. Las teníamos repetidas y las pusimos eventualmente pero nos
encantó el resultado y así se quedaron ;-)

Los textiles tienen diversos motivos florales en azul y algunos cojines
del color de los cabeceros.



Sobre la mesita de noche dos magníficos tibores orientales.
Son divinos ¿verdad?





En el otro lado del cuarto una butaca que mi hermana restauró y tapizó en lino.

Una pieza maravillosa que anteriormente estaba en su casa pero que, al
mudarse y no encontrarle espacio en su nueva vivienda, se ha venido
a casa de mis padres.

El antiguo espejo doble es una de las últimas adquisiciones de mi hermana en
el Rastro Remar de Ciudad Real. Lo ha pintado en blanco y tiene pendiente
llevárselo a su casa de Madrid pero de momento está allí, en el suelo nos
parece que queda precioso.

El oleo de la pared es un cuadro que mi padre pintó hace muchísimo tiempo,
de su etapa azul, en el que aparece mi madre de pequeña con su muñeca.
Se inspiró en una vieja fotografía que guardamos con muchísimo cariño.

A mi madre le encanta recoger hortensias del jardín y dejarlas secar para tener
flores en casa durante el invierno. Aportan ese toque decadente que embellece
cualquier espacio, ¿no os parece?





Como ya sabéis mi hijo Javier está estudiando este curso en Chicago pero vino
por Navidad y se quedó un mes. He podido disfrutar de él, si no todo el tiempo
(se fue de viaje a Croacia con sus amigos españoles, quedó por supuesto con su
chica y pasó algunos días con su padre), sí lo suficiente para desquitarme y
darle muchísimos besos y achuchones.





Estas navidades Lucía, la novia de Javier, nos acompañó a Ciudad Real y fue
obligada la visita a uno de los pueblos más bonitos de la provincia, Almagro.
Pasamos allí el día disfrutando de su preciosa plaza, sus casas solariegas y su
rica comida. El Parador es un lugar ideal para hospedarse, comer y tomar
fotografías. 

La próxima vez tenemos pendiente acercarnos a Villanueva de los Infantes,
otro de los pueblos emblemáticos, y por supuesto a Campo de Criptana a
ver sus famosos molinos.




A pesar del frío también hemos disfrutado del jardín porque fueron días de sol.
Mi madre y yo aprovechamos para trasplantar después de una de nuestras
visitas al vivero que hemos convertido en una costumbre que nos encanta. 

Ir y pasar la mañana entre plantas y traernos algunas a casa es el mejor
plan que podemos imaginar puesto que las dos somos unas enamoradas
de lo verde.




Aproveché también las vacaciones navideñas para quedar con amigos,
humanos y perrunos que sacan lo mejor de mi y es que son tan
achuchables...

Quienes me seguís en Instagram habéis ido viviendo conmigo, prácticamente
en directo, todo lo que hoy os cuento pero soy consciente que no todos mis
lectores sois asiduos de las redes sociales así que, aunque con algo de retraso,
no he querido dejar de compartir en el blog como fueron mis navidades.
¿Qué tal las vuestras?



lunes, 28 de enero de 2019

Un romántico ramo de flores




No es nada nuevo si os digo que me encantan las flores y quienes me
conocen saben que no hay para mí mejor regalo que un romántico ramo
de flores.

Llamadme clásica pero un ramo de flores nunca me decepciona, siempre es
un acierto seguro. Mi hijo Javier me sorprende de tanto en tanto con uno y
no espera a que sea mi cumpleaños, el Día de la Madre o San Valentín, llega
casa con un brazo detrás de la espalda y una sonrisa pícara... 
¡Pocas cosas me hacen tan feliz!

Me consta, además, que a él también le gustan mucho y eso me encanta porque
siempre me ha parecido ridículo pensar que lo bello y romántico es sólo cosa de
chicas, un estereotipo social que creo está cada vez más en desuso porque la
estética es una cualidad humana propia de seres sensibles, independientemente
de su sexo.




Y es que las flores tienen ese je ne sais quoi que te alegran el día o, mejor
dicho, la semana entera porque pocas cosas decoran tanto como un bonito
ramo presidiendo una mesa o dando su toque especial a cualquier rincón de
nuestro hogar.

No son sólo sus colores, formas o texturas los que embellecen por sí mismos
un espacio, es también su aroma que nos hace percibir la belleza de una forma
más sutil pero profunda.




Me gusta tener flores en casa sobre todo en invierno porque es una manera
de anticipar la primavera y sentir la alegría de esta estación en nuestro hogar.

Una casa con flores es una casa con vida, una forma de incorporar algo de
Naturaleza a nuestro hogar.




Si además eres un apasionado de la fotografía, como es mi caso, las flores son
siempre un magnífico motivo para fotografiar, son tan bonitas y evocadoras que
puedo pasarme horas intentando inmortalizarlas.

Busco sacar lo mejor de ellas y, desde luego, ellas sacan lo mejor de mí.




Cualquier día es un día perfecto para regalar o recibir flores ¿No creéis?

domingo, 23 de diciembre de 2018

Un brindis con vino muy femenino




Hoy vengo con un post de celebración. De la Navidad porque es lo que
corresponde por la fecha pero, en realidad, es una celebración de la vida,
un agradecimiento por ella y todo lo que nos ofrece.




No entiendo mucho de vinos y he de decir que el alcohol no suele sentarme
bien por lo que normalmente no lo tomo pero es cierto que una copita en
esos momentos especiales que compartimos con seres queridos es siempre
bienvenida.

He descubierto un espumoso que, además de rico y con una graduación muy
baja (sólo 5º), tiene un embotellado precioso con estampado de rosas.
¡Me puede la estética, que le voy a hacer! ;-)

Se llama Vegaverde y tiene dos variedades, blanco 

(la botella lleva un precioso estampado de rosas en 

verde y lavanda) y rosado que es el que veis en las

fotografías.


He probado sólo el rosado porque no me atrae mucho el vino blanco pero podéis
ver la botella aquí. Divina también ¿verdad?

Además es producto de mi tierra, La Mancha, de la Bodega García Carrión

situada en Daimiel (Ciudad Real) donde pasé la primera etapa de mi juventud

¡Así todo queda en casa!





Alzo mi copa por la vida, los bellos sentimientos y la gente de buena voluntad,
especialmente vosotros que me acompañáis en este pequeño rincón.

¡Chin chin!