martes, 7 de marzo de 2017

Macetero para planta colgante



Hoy os muestro un nuevo macetero que he incorporado a la decoración de mi
salón.

Sí, ya sé que en mi propósito de desapego, orden y aligerar mi casa (y mi vida)
os comenté que no entraría en ella ninguna pieza hasta que salieran dos pero
es que he conseguido "deshacerme" de varias y, además, este macetero me
enamoró nada más verlo y me pareció que quedaría genial en la pared azul
cordón de sisal, al que por cierto ya le tengo buscado nuevo sitio y planta.

El nuevo macetero de plantas colgantes es sencillo y con un diseño muy

actual: un cordón, una gran bola de madera y el recipiente, en plástico

pero con un color y una textura que parece cerámica.



Y cuando os diga el precio entenderéis que me lo haya traído:
3€ en Tiger.

Está disponible en tres colores (antracita, coral y este azul) y en dos
formatos (éste y uno más fino y alargado)


El color me hizo recordar que tenía guardado un pequeño espejo de madera
en el mismo tono (Malma de Ikea 1,50€), que he sacado y puesto encima
del estante invisible de libros que hice hace poco.



Otro pequeño detalle que he añadido a este rincón han sido unas piedras que
guardaba en un bote recogidas en distintos viajes. Una de ellas decorada con
una espiral punteada con rotulador a la tiza ¿Recordáis?

No quería deshacerme de ellas y les he encontrado una utilidad: decorar y
mantener la humedad de la tierra de este cactus que traje hace tiempo de
casa de mi madre y que está cada día más bonito.



Me gusta mucho cómo ha quedado y ¿a vosotros?


jueves, 2 de marzo de 2017

Dar kawa, uno de los mejores riads en Marrakech



Por fin os puedo mostrar el magnífico riad en el que nos hospedamos durante
nuestro viaje a Marrakech: Dar Kawa.

Os advierto desde ya que este es un post laaaargo y con muchas fotografías,
pero es que el espacio lo merece cien por cien como podréis comprobar.

Situado en el laberíntico corazón de la Medina, entre la Plaza de las Especias
y la Medersa Ben Youssef, el edificio que ocupa este riad fue construido a
principios del siglo XVII como sede de una hermandad religiosa. Es por ello
que muestra elementos de la arquitectura Saadi, transmitiendo calma y una
energía especial.

Como la mayoría de los riads, se encuentra escondido en un pequeño callejón:
tras una fachada y una puerta que descolocan al llegar, nadie diría que dentro
pueda existir un espacio lleno de estilo y diseño que fusiona a la perfección
elementos del mundo occidental y árabe.

Adquirido por la diseñadora belga Valérie Barkowski, el edificio fue restaurado
en el año 1999 respetándose en lo posible la arquitectura original, eligiendo los
materiales por su autenticidad y sencillez: el cedro para la carpintería, baldosas
y paramentos de cemento bruñido, colores sobrios... siguiendo los principios de
la cultura marroquí ancestral.


Tras la puerta de entrada, un sencillo recibidor lleno de detalles propios del país:
asientos de troncos de palmera, valiosas alfombras bereber, sombreros de paja,
ramas secas de flor de palmera y leña. Poco más es necesario para decorar este
espacio donde el blanco de las paredes y el gris azulado de las imperfectas
baldosas de cemento son realmente los protagonistas.

Un viejo mapa de colegio cuelga de una de las paredes mostrando la extensión
del antiguo imperio árabe, así como dos grandes cuadros de la variada colección
de obras de arte (pinturas, fotografías...) que Valérie tiene por todo el riad.


Blanco y gris azulado conforman el tándem cromático principal en toda la
estructura del edificio (menos en la terraza que ya os enseñaré en un post
aparte), así como en muchos de los complementos decorativos.

El negro se suma en algunos muebles y detalles, aportando a la decoración
un toque noretnic.


Todo en Dar kawa está concebido para jugar con los sentidos y el estilo

de vida marroquí: el olor de los naranjos y jazmines del patio, la comida 

tradicional, la ropa de hogar diseñada por Valérie Barkowski, realizada 

artesanalmente con materiales naturales por mujeres del país... 


Allí es fácil dejarse llevar y hacer realidad la ansiada slow life.



El patio es el corazón de la casa como en todas las viviendas marroquíes.

En invierno está cubierto por una tela transparente e impermeable que permite
ver el cielo al tiempo que protege de las temperaturas menos cálidas y de la
lluvia.

Aúna diversos ambientes donde poder comer, disfrutar un te, una lectura o
tenderse simplemente a descansar, sentir, contemplar...


Muebles de diseño actual, pieles, alfombras, faroles y un gran sofá/tumbona
vestido con grandes cojines conviven perfectamente en este espacio al que
dan directamente algunas estancias.


Como fuimos en Navidad, algunos toques de decoración festiva como el árbol
esquemático en hierro en la pared, iluminado de noche con luces led, y
portavelas de cristal con forma de estrellas colgando de los naranjos.



Los desayunos con productos de temporada y origen orgánico, riquísimos y
variados, servidos en sencillo menaje de diseño noretnic.

Las temperaturas invitaron a tomarlo en el patio en vez del comedor.

Frecuentemente y a pesar de la cubierta, se colaban algunos pajaritos que
alegraban con sus juegos y trinos.




Por la noche la luz de los faroles y el olor a jazmín florecido daban un toque
mágico y acogedor.



La principal estancia común que da al patio comparte espacio para comedor y
otra zona de descanso con cama/tumbona. Los arcos que separan ambos
ambientes son espectaculares, especialmente el que conserva la decoración
original de estilo saadi.


¿No os maravillan los cojines que visten la tumbona?

 Son diseño de Barkowski y seguramente me inspiraré en ellos para decorar
el cojín que estoy tejiendo con la lana que compré en Marrakech.




Enamorada de cada uno de los detalles de esta estancia, especialmente de la
gran fotografía en blanco y negro que la preside y se convierte en punto focal
de atención desde el patio.






La cocina es sencilla y con algunos toques sorprendentes como esa pared
decorada con cazos de madera o las lámparas de techo realizadas con
una estructura pensada para poner botellas de vidrio recicladas.

¡Flechazo nuevamente!





El cuidado por los detalles se observa en todos los espacios, incluso
pasillos y escaleras.


Empezamos un recorrido por las habitaciones y lo hacemos por la suite principal
(Muntaz) que ocupa la primera planta del ala izquierda a la que se accede por
una escalera propia. Cuenta con un amplio espacio que aúna dormitorio, salón
con chimenea y zona de escritorio.

Dos ventanas dan al patio pero la iluminación natural procede sobre todo de
una claraboya cenital.

La decoración es impactante, con un juego de maletas antiguas y dos lámparas
auxiliares en el cabecero como únicos puntos de color sobre la base bicromática
en blanco y negro.


La ropa de cama es el modelo Bandit Queen de la diseñadora belga, con
un original y atrevido estampado de piezas de lencería antigua.

Las telas del sofa, puff y cojines, así como las impresiones de la pared,
pertenecen a su colección NO-MAD inspirada y realizada en India.





El baño con vestidor de esta suite ocupa una estancia independiente y es uno
de los espacios que más me gustó.



Pasamos a otro dormitorio.

La suite Olmassi está situada en la planta baja, con acceso directo al patio.

Cuenta con un saloncito con chimenea, baño y vestidor independiente.

La antigua cama bereber con barrotes es la pieza de mobiliario que da
carácter a esta habitación, vestida con ropa de cama de la colección Orpheus
messenger que combina líneas geométricas y frases pespunteadas en los
almohadones.



Sobre el banco del distribuidor que da acceso al baño y al vestidor otra de las
impresiones y los estampados en tela de la serie NO-MAD.


Este es el dormitorio más colorido, con predominio de rojo sobre blanco
incluidas las alfombras, en lana o la realizada con círculos de pieles de pelo
en distintos estampados.



No sé si os habréis fijado en los largos cordones de seda negra terminados en
borlas que se pueden ver en todas las estancias.

Se trata de los interruptores de luz. Un detalle que me pareció originalísimo y
de lo más visual.

La suite Omani, con dos habitaciones, baño y vestidor, no pudimos fotografiarla
por haber estado ocupada durante toda nuestra estancia.


Y finalmente llegamos a nuestro dormitorio, Baboune, el más pequeño por
ser el único que quedaba libre para la semana que nos alojamos, pero con
un encanto y una luz que compensaba creo la diferencia de metros.

La cama es nuevamente la protagonista del espacio, un diseño de Ministero
del gusto inspirada en un antiguo modelo marroquí. Está vestida con una de
las colecciones de la línea clásica de ropa de cama de Varkowski, con detalles de
pasamanería, así como cojines que combinan pespunteado con estampados
tie-dye pertenecientes a la serie Jaya de la colección NO-MAD.

La pared del cabecero presenta una solución muy original para salvar el
descuadre, creando un espacio que hace las veces de mesita de noche con
libros y un flexo vintage.



La fotografía macro de un cactus, volteada e impresa en gran formato, decora
una de las paredes, aportando un toque actual y dinámico que me encantó.



El baño, en microcemento bruñido a la manera marroquí, con toallas de su línea
Irma rematadas por borlas y los albornoces en lino gris.




Los accesorios de baño en zinc. ¿No os parecen monísimos esos colgadores en
forma de mano?


Espero que hayáis disfrutado de este home tour por el que es considerado
uno de los mejores riads de Marrakech.

No sólo el entorno, también el trato y la atención del personal siempre
pendiente de hacernos sentir bien y facilitarnos la visita a la ciudad,
especialmente Abdelhadi y su gran sonrisa.

No coincidimos con Valérie que vive en el campo cerca de la ciudad y está
frecuentemente de viaje buscando inspiración y haciendo realidad nuevos
proyectos.

Quizás en otra ocasión porque es seguro que volveremos.