viernes, 23 de junio de 2017

Cómo hacer una bandeja marroquí con una base de tarta



Que los envases de pizza me han inspirado a crear varios DIY es algo que ya
sabéis.

Con ellos hice unas bandejas doradas de estilo boho y un espejo sol con
unos resultados que me sorprendieron gratamente.


Hoy os muestro un "hazlo tu mismo" igualmente fácil, barato y 
bonito, 

una bandeja plateada de estilo marroquí realizada a partir de un 

envase de tarta.



Nada más ver esta base de tarta visualicé la bandeja. El proceso para
transformarla no pudo ser más sencillo: cortar la pequeña lengüeta y
dar dos manos de spray plateado efecto cromo.



El tamaño es mayor que el de los envases de pizza y también el grosor del
plástico, lo que la hace más consistente y permite soportar más peso, pudiendo
utilizarse como una bandeja normal.



Por supuesto, me la llevo a los Findes Frugales de Marcela Cavaglieri para
formar parte de la fiesta de inspiración a la que asistimos cada fin de semana.


También os sonará la lámina de dibujo zentangle que hice sobre papel kraft,
tan relajante de hacer y tan decorativa, ¿no os parece?


Espero que la ola de calor que sufrimos por estas latitudes nos de una pequeña
tregua porque, sinceramente, si el verano acaba de comenzar y ya tenemos
estas temperaturas qué nos espera el resto...

Mejor ni pensarlo.
¡Feliz fin de semana!

lunes, 19 de junio de 2017

Invernaderos del Real Jardín Botánico de Madrid



A finales del verano pasado visitamos el Real Jardín Botánico de Madrid
del que compartí con vosotros la zona de frutales y huerto.


Hoy os quiero mostrar los invernaderos que resultan verdaderamente interesantes.

En el exterior de ellos se muestran ya cactus y plantas crasas, como esos
"asientos o cojines de suegra" también conocidos como "Bola de Oro", "Barril
de oro" o "Cacto erizo" (Equinocactus Grusoni es su nombre científico), que
veis en la fotografía anterior. Siempre me ha hecho mucha gracia el nombre
coloquial que se le da a estos grandes cactus de forma esférica.
¿Por qué será? ;-)


Otras especies propias de climas desérticos están allí representadas: yucca,
chumbera, agave...




Pero donde hay una cantidad importante de plantas propias de zonas más
meridionales es en los invernaderos.

Me encantan estas estructuras con grandes ventanales en paredes y techos,
no sólo como invernadero, me imagino una parte como estudio, taller de
fotografía... Con ese aire industrial y bohemio tan deseado.




El invernadero del Real Jardín Botánico de Madrid recibe el nombre de Santiago
Castroviejo Bolibar, botánico español, profesor del CSIC, miembro de la Real
Academia de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales, quien dirigió el Botánico
madrileño por muchos años y estuvo entregado a la investigación científica
hasta su muerte.

El invernadero del Jardín Botánico de Madrid cuenta con tres secciones

contiguas: desértica, subtropical y tropical, que reproducen las condiciones

de temperatura, humedad y luz para el desarrollo de cada tipo de plantas

mediante un sistema de control informático. Las energías empleadas para

su mantenimiento son totalmente limpias.


Además, el Real Jardín botánico de Madrid cuenta con La estufa de Graells o

de Las Palmas, un antiguo invernadero no climatizado construido en el siglo XIX,

durante la dirección de Mariano Graells, para contener plantas no resistentes a

las condiciones climáticas exteriores de Madrid. Reune plantas tropicales,

acuáticas, helechos, musgo...que necesitan un alto grado de humedad

constante y el calor del sol. Esta instalación está estudiada para controlar las

condiciones de manera pasiva: nivel inferior al suelo, orientación sur, pared

norte alta y cubierta acristalada.


Es un edificio con una fuerte personalidad a lo que se une el ambiente saturado
de humedad y la exótica y exuberante vegetación que nos traslada a lugares
lejanos y épocas prehistóricas.

Nosotros no pudimos visitar La estufa de Graells porque estaba temporalmente
cerrada. Excusa genial para acercarnos y disfrutar otro día en el Botánico.


La visita a los tres invernaderos modernos comienza con la sección dedicada
a flora desértica en la que podemos admirar muchísimas especies de cactus,
crasas y suculentas.




El siguiente espacio nos muestra flora subtropical: palmeras, helechos, bambú...




La última sección es la dedicada a fauna tropical y requiere el uso constante
de riego nebulizado para mantener el nivel de humedad que necesitan estas
plantas.



Aquí podemos encontrar una gran profusión de enredaderas y de plantas
colgantes, estas últimas sin tiesto, a la manera de las kokedamas pero
surgidas de modo natural.


Cada sección de los invernaderos del Botánico tiene su encanto aunque a mí
me gusta especialmente esta última porque, a pesar del sofocante calor
húmedo, hace que nos sintamos en una jungla y cada especie resulta
sorprendente y exótica.



viernes, 16 de junio de 2017

Cómo hacer la lámpara de moda con cestas de fibra natural



Las lámparas de techo hechas con fibras naturales a modo de cestas 

invertidas son plena tendencia en decoración.



Tenía un juego de cestas de fibra que me había dado una amiga, quien a
su vez las había heredado de los antiguos propietarios de su casa. Creo
que son de Ikea y seguramente estén ya descatalogadas.

Las cestas tenían sus añitos y habían cumplido a la perfección su cometido,
de manera que mostraban algunos desgastes y huellas de uso, sobre todo la
más grande por la base. Pensé entonces en darles una nueva vida y qué
mejor que una de esas lámparas de fibra natural tan de moda.

Inicialmente pensé en cortar las fibras por dentro de la cesta, de modo que
éstas quedasen hacia dentro, pero en el último momento cambié de opinión
lo que supuso un gran error pues el resultado no es exactamente el que yo
buscaba.

Un tip: sigue siempre tu corazonada inicial ;-)


Una vez cortadas las fibras llega el momento de ir deshaciendo la urdimbre
de la cesta.




Para conseguir dar forma a las tiras de fibra, de modo que quedasen hacia
abajo, dejé la cesta en agua y luego planché las fibras aún húmedas.



Después dividí cada tira de fibra en otras mucho más pequeñas.



El lugar que tenía destinado a la lámpara es una zona de paso, a la entrada del
salón, por lo que la monté pegada al techo: primero la cesta mediana y luego la
cesta grande con su nueva forma de fibras despeinadas.


No queda exactamente cómo la imaginé pero dará un toque fresco y
veraniego a mi salón durante un tiempo ya que he conseguido dos
lámparas vintage que me encantan y que pondré en cuanto pueda en
los dos puntos de luz del techo de este espacio de mi casa.

Entonces la lámpara volverá a convertirse en dos cestas. Imagino la
grande despeluchada como macetero con alguna planta tropical...

Lo mío parece no tener solución: reciclar lo reciclado.
Crear algo bonito y barato de manera frugal como reza la máxima del
blog hop al que nos invita cada fin de semana Marcela Cavaglieri
para compartir inspiración.


En esta última imagen podéis ver los dos puntos del luz del salón, como veis la
otra lámpara es una araña de brazos tipo holandesa, demasiado clásica para el
estilo más ecléctico y minimalista que ahora busco para mi casa. Las nuevas
lámparas encajarán mejor. Estoy deseando ponerlas.

Otro cambio, en este caso impuesto, será la pared azul: una humedad en la
pilastra que la limita ha hecho peligrar su integridad y una vez arreglada le
daré seguramente un nuevo aspecto con otro color o empapelándola.

Ya os iré contando...